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De Fray García a “San Pancho”

Sábado, Marzo 6th, 2010

Mucho llamó mi atención el día de ayer enterarme de cómo le llaman coloquialmente sus habitantes a la Colonia Fray García de San Francisco en Ciudad Juárez: “San Pancho”. Nombre con el cual también la conocen otras personas que tienen familiares o amigos que viven en ella, y que además se utiliza comúnmente en el transporte público, ya que sirve para ubicar aquel rumbo del suroriente de la extensa mancha urbana.

Esa colonia fue creada hace algunos años con el nombre del fundador de Ciudad Juárez. Una colonia popular que el gobierno municipal promovió para que cientos de familias se asentaran ordenadamente en ella, ocupando los terrenos expropiados en el antiguo Lote Bravo por la administración del gratamente recordado alcalde Francisco Villarreal.

Antes de eso sólo existía una calle del poniente con el nombre del fundador. De ahí que  la Comisión de Nomenclatura del Ayuntamiento decidiera nombrarla oficialmente, escogiendo además los nombres de las calles de la colonia relacionados con la fundación de la antigua Misión de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, así como de las referencias históricas del escudo de la ciudad.

Causa gracia saber que haya sido el mexicanísimo “Pancho” el que haya reemplazado al nombre del  pobrecillo de Asís que fue santificado. Llama además la atención que la gente de la colonia haya escogido esa parte del nombre de Fray García como la más importante para identificarla. Esto es, resaltar  a San Francisco por encima del nombre propio del fraile de la orden que fundó el antiguo pueblo de indios en el legendario Paso del Norte.

¡Que mejor honra a la memoria de Fray García –misionero que fue conocido por su humildad–, que los juarenses sencillos de hoy recuerden primero al creador de su orden que al fundador de su ciudad¡

Entrevista: Tras los pasos de Fray García

Lunes, Diciembre 14th, 2009

Darío Sánchez se dio a la difícil tarea de buscar en los archivos históricos del país rastros del fundador de Ciudad Juárez, Fray García de San Francisco (Foto: El Diario)
Tras los pasos del fundador
 
Cynthia Camacho
El Diario |
09-12-2009 | 21:49 | Aniversario Juárez
 
Una gran intuición y el afán por investigar la historia de su ciudad guiaron los pasos de Darío Sánchez a un encuentro simbólico con Fray García de San Francisco, fundador de Ciudad Juárez.    

El nombre y el origen verdaderos del personaje histórico salieron a relucir luego de una búsqueda que emprendió por la Ciudad de México en el 2006.

Darío Sánchez es miembro de la Sociedad Juarense de Estudios Históricos, y su pasión por los orígenes de la ciudad lo llevó en 1994 a publicar el libro: “El Legendario Paso del Norte, Orígenes”.

 “Decidí realizar esta investigación extensa y detallada por la polémica que hay acerca de la fundación de la ciudad, de cuáles fueron los primeros colonizadores, y me avoqué a la biografía de Fray García de San Francisco”, explica Darío.

“Sin embargo, en las diferentes publicaciones ví que había muchos huecos; no sabíamos el nombre verdadero ni la nacionalidad del fundador, había muchas contradicciones de varios autores”.

Algunos datos le indicaban que el nombre real era Fray García de San Francisco y Zúñiga, y en base a la información otorgada por el escultor de la estatua en la Plaza del Fundador, el fraile había nacido en Castilla, España.

“En mi libro de 1994 concluí que podría ser novohispano, que quizá habría nacido en la Ciudad de México”.

La búsqueda

En el 2006 viajó a la Ciudad de México con la intención de concluir una maestría, y aprovechó su estancia para indagar acerca del verdadero origen de Fray García de San Francisco

“Estuve un buen tiempo en la Ciudad de México y seguí la pista de los archivos Franciscanos que están dispersos allá. Una parte se encuentra en el Museo de Antropología, y otra parte en la Biblioteca Nacional. Son archivos abiertos al público, me puse a investigar y encuentro que había varios archivos en otros lugares”.

En el Templo de Coyoacán, halló un archivo antiguo de la organización de los Franciscanos; hizo las respectivas solicitudes para buscar información sobre Fray García y no apareció nada.

“Sin embargo, había expediente de cada uno de los religiosos que tomaban los hábitos y llegaban como frailes; ahí me informaron que en algunos conventos se guardaban archivos de cada uno de los religiosos, y con suerte podría hallar el de Fray García”.

Buscó en un templo ubicado en la Alameda Central de México pero como ya no estaba operado por los franciscanos, tampoco encontró lo que buscaba.

‘Soy Francisco García Jiménez’.

“Resultó que existe el archivo del antiguo convento de Churubusco, que actualmente es el Museo Nacional de las Intervenciones, donde se guardan archivos de cuando fue convento, ahí entraban los novicios a la orden franciscana”, relata.

En ese lugar encontró un antiguo libro de registro de franciscanos que tomaron los hábitos y profesaron como frailes, y lo revisó hasta llegar a los años en que se calcula vivió Fray García de San Francisco (1602 – 1673).

Dicho libro está dividido en dos partes: En una están anotados los que por primera vez se hicieron frailes y en la segunda los que terminaban el noviciado.

“Revisé la primer parte y no encontré nada; con menos ánimo, me doy cuenta de esa segunda parte y ahí aparece Fray García de San Francisco registrado cuando se le admite en la orden, eso nos dice que ahí terminó su preparación”, cuenta emocionado Darío Sánchez.

El registro que contiene los datos del personaje, tiene la fecha del 4 de octubre de 1623, y certifica que le dieron la profesión como fraile.

“Su nombre original era Francisco García Jiménez; con este documento sabemos que nació en el pueblo de Villalba, en la región del Aljarafe de Sevilla, que ahora es parte de la provincia de Huelva en Andalucía, España”.   

Actualmente, este libro se encuentra en manos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La promesa que hizo el autor en ese tiempo fue la de incluir el hallazgo histórico en la actualización de su libro “El Legendario Paso del Norte; Orígenes” que publicó en 1994.

La motivación

Darío no es historiador de tiempo completo, pero ser juarense es razón suficiente para motivarlo a investigar sobre el origen de la ciudad.  

“Empecé a hacer esto porque soy juarense y veo que la gente que vivimos aquí a veces no queremos lo suficiente a la ciudad”, dice.

“Entre muchos de los que vienen de fuera no hay la identidad, muchas veces la gente no demuestra que quiere a Juárez, y una manera que se me ocurrió para que la gente quisiera más a la ciudad es estudiar su historia, para ver si de esta forma acercamos a la gente a Ciudad Juárez”.

Ciudad Juárez: origen y futuro

Domingo, Diciembre 10th, 2006

Publicado en El Diario de Ciudad Juárez
Domingo 10 de diciembre de 2006

Darío Oscar Sánchez Reyes

La importancia de todo origen es fundamental. Solamente aquello que inicia puede desarrollarse. Sin principio no hay continuación y sin partida no hay llegada ni meta. Por ello, exalto en esta ocasión el valor de la difusión de la historia local, de nuestra “microhistoria”; particularmente de los orígenes de nuestra comunidad.

La historia en este caso entendida como vínculo de comunidad: como elemento de arraigo para una sociedad, como conocimiento imprescindible de los antecedentes del conjunto humano del que formamos parte. Esto es, saber de dónde venimos para poder decidir hacia dónde queremos ir en la construcción común del futuro de nuestra comunidad.

Sin embargo, el estudio de la historia de Ciudad Juárez ha sido un campo descuidado y frecuentemente olvidado por los investigadores, aun cuando las fuentes son extensas y guardan infinidad de datos e información valiosa también para entender muchos elementos de nuestro presente. De ahí la trascendencia de continuar avanzando en esta tarea que, en gran medida, constituye una “asignatura pendiente” de los juarenses.

Ejemplo de ello ha sido el tratamiento del singular personaje que dio inicio el 8 de diciembre de 1659 a la población de la actual Ciudad Juárez. Me refiero al fundador de la “Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte”; quien permanece hoy como un desconocido para el común de los juarenses.

Entre las causas de ello no sólo se encuentra la falta de un mayor impulso a los valores culturales que nos dan arraigo como comunidad, sino que también de alguna forma Fray García de San Francisco continúa como un “célebre desconocido” entre los estudiosos de la historia local y regional: personaje en torno al cual se tejieron desde hace años numerosas suposiciones con respecto a su origen, nombre, edad e incluso sobre la confiabilidad de las crónicas que registraron los hechos desatacados de su vida y obra.

Esta situación reflejaba más sombras que luces acerca de la relevancia histórica de un personaje tan simbólico por su carácter de fundador y por ello nos propusimos contribuir a enmendarla desde hace tiempo; en seguimiento a la publicación en 1994 del libro: “Ciudad Juárez: El Legendario Paso del Norte, Orígenes”.

El viernes pasado, las páginas de El Diario abrieron amablemente su espacio para destacar la noticia de que por fin pudimos encontrar los datos básicos que nos faltaban para contar con una biografía adecuada del fraile fundador. Esto, gracias al descubrimiento en los viejos archivos franciscanos de la constancia escrita de su profesión como franciscano. Una búsqueda que duró bastante tiempo, pero que al fin produjo resultados para compartir con todos los juarenses.

¿Quién fue Fray García de San Francisco?

Misionero franciscano. Nació hacia 1602 en Villalba, región del aljarafe de Sevilla, (hoy provincia de Huelva) en Andalucía, España. Tuvo por nombre Francisco García Jiménez hasta que tomó los hábitos religiosos y profesó en la orden de San Francisco, el 4 de octubre de 1623, en el convento de Churubusco, de la provincia religiosa de San Diego de México.

En 1628 se unió a la caravana de Fray Esteban de Perea como misionero para la evangelización de los grupos indígenas nativos de Nuevo México, en ese entonces territorio del extremo norte de la Nueva España en proceso de colonización. Fue destinado junto con Fray Antonio de Arteaga a cristianizar a la tribu de los piros, con quienes fundaron las misiones de Senecú y Socorro entre 1630 y 1640. Hacia 1636 debió cumplir el mandato de sus superiores de ordenarse como sacerdote, lo que antes había rehusado por humildad según los cronistas.

Desde 1652 dirigió los intentos por evangelizar a los indios mansos, pobladores del Río del Norte (actual Río Bravo o Grande), lo cual consiguió hasta el 8 de diciembre de 1659 cuando fundó la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, pueblo de indios que dio origen a la actual Ciudad Juárez. En ese tiempo le tocó encabezar a la orden franciscana de Nuevo México en el conflicto con el gobernador López de Mendizábal, por lo que volvió a la Misión de Guadalupe hasta el 2 de abril de 1662, cuando bendijo la piedra fundamental y cimientos del templo que terminó de construir y dedicó el 23 de enero de 1668; el mismo que subsiste en la actualidad.

Estuvo al frente de la Misión de Guadalupe hasta 1671 en que emprendió su último esfuerzo para la evangelización de las tribus jumanos y julimes de la Junta de los Ríos (actual Ojinaga, Chihuahua). Finalmente, después de más de 40 años de labor misionera y de haber bautizado a más de 10 mil personas, de acuerdo a las crónicas, se retiró a Senecú donde murió el 22 de enero de 1673. Por desgracia se desconoce donde descansan sus restos, ya que dicha misión fue destruida poco tiempo después; perdiéndose todo vestigio de su localización en el actual territorio de los Estados Unidos.

La historia de Nuevo México lo distingue como precursor de la vinicultura, ya que introdujo el cultivo de la vid y la elaboración de vinos a estas tierras. Sin embargo no se le reconoce como fundador de la actual ciudad de Socorro. Ese carácter se le reconoció oficialmente en Ciudad Juárez hasta 1942, a partir de lo cual se ha honrado su memoria con varias estatuas, una calle, una colonia y la presea que otorga anualmente el Ayuntamiento a los juarenses distinguidos; misma que en esta ocasión correspondió merecidamente al Pbro. Aristeo Baca. A quien felicitamos desde este espacio.