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De Fray García a “San Pancho”

Sábado, Marzo 6th, 2010

Mucho llamó mi atención el día de ayer enterarme de cómo le llaman coloquialmente sus habitantes a la Colonia Fray García de San Francisco en Ciudad Juárez: “San Pancho”. Nombre con el cual también la conocen otras personas que tienen familiares o amigos que viven en ella, y que además se utiliza comúnmente en el transporte público, ya que sirve para ubicar aquel rumbo del suroriente de la extensa mancha urbana.

Esa colonia fue creada hace algunos años con el nombre del fundador de Ciudad Juárez. Una colonia popular que el gobierno municipal promovió para que cientos de familias se asentaran ordenadamente en ella, ocupando los terrenos expropiados en el antiguo Lote Bravo por la administración del gratamente recordado alcalde Francisco Villarreal.

Antes de eso sólo existía una calle del poniente con el nombre del fundador. De ahí que  la Comisión de Nomenclatura del Ayuntamiento decidiera nombrarla oficialmente, escogiendo además los nombres de las calles de la colonia relacionados con la fundación de la antigua Misión de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, así como de las referencias históricas del escudo de la ciudad.

Causa gracia saber que haya sido el mexicanísimo “Pancho” el que haya reemplazado al nombre del  pobrecillo de Asís que fue santificado. Llama además la atención que la gente de la colonia haya escogido esa parte del nombre de Fray García como la más importante para identificarla. Esto es, resaltar  a San Francisco por encima del nombre propio del fraile de la orden que fundó el antiguo pueblo de indios en el legendario Paso del Norte.

¡Que mejor honra a la memoria de Fray García –misionero que fue conocido por su humildad–, que los juarenses sencillos de hoy recuerden primero al creador de su orden que al fundador de su ciudad¡

Mención: Destruido y olvidado el patrimonio cultural

Jueves, Agosto 7th, 2008

Publicado en Semanario del Meridiano 107, número 838, 7 de agosto de 2008
  Por Antonio Pinedo
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Juárez tiene vocación natural de gran ciudad y la incuria e ignorancia de sus autoridades, posponen el momento de su acreditación. La miopía, la falta de imaginación y de amor por nuestra ciudad han terminado por desdibujarla urbanísticamente y por fomentar un gran desarraigo y falta de orgullo de pertenencia, que sería algunas de las condiciones necesarias para acreditar a la frontera como la gran urbe que se construye a si misma a pesar de la ineptitud de sus gobernantes.
 
La bendición de las lluvias
Podría parecer paradójico, pero gracias a las lluvias, cayó gran parte de los que era el edificio colonial más antiguo de nuestra frontera, después de la Misión de Guadalupe y uno de los tres que sobreviven del siglo XVII —el otro es la vieja presidencia municipal, con todo y sus modifica-ciones, adiciones y mutilaciones—. Benditas lluvias que fijaron la mirada de todos en un ejemplo de lo que llamaríamos patrimonio cultural tangible.
Patrimonio que es escaso y se encuentra en el abandono en nuestra frontera. Tal vez debamos bendecir a las lluvias que lamentablemente hicie-ron perder todo a 3,200 familias, pero evitarán que se siga construyendo en este vaso de lodo impermeable, que según cálculos del IMIP, pudiera albergar 377 mil viviendas, si se respetara el 14 por ciento de terreno que en este Caso especial se logró para espacios públicos y parques.
Un dos por ciento más que en el resto de la ciudad y un punto menor al quince por ciento que se exigía antes que los «desarrolladores» de vivienda pusieran sus ojos en el gran filón que es la dinámica económica de esta frontera y con presiones obligaran a los endebles políticos que han gobernado nuestra ciudad a ceder a sus presiones.
A veces les pagan con casas, sobre ésto el ex director de Obras Publicas José Luis Rodríguez, podría comentar mucho. Pero la intención de esta columna no es hablar de la irresponsabilidad de los «desarrolladores».
De los llamados «Filósofos de la construcción y el notariado», que incluso uno de ellos llegó a ser alcalde, el tamaulipeco Gustavo Elizondo.Con todas las desgracias que las lluvias de los últimos dos años han traído a los juarenses que viven en zonas de alto riesgo o en «Laguna de Patos», algo bueno puede salir de estos lamentables acontecimientos.
 
La Casa Juárez
La intención de la columna reiteramos es fijar nuestra atención en nuestro patrimonio cultural tangible, básicamente edificios históricos, los cuales hemos descuidado y las autoridades municipales han pecado de incuria e ignorancia suprema.
Muchos son los ejemplos, pero aquí en nuestra tierra estuvo viviendo don Benito Juárez, hasta la caída del imperio de Maximiliano y la Restauración de la República, por ello una de nuestras principales avenidas se llama «Paseo Triunfo de la República».
El haber dejado que se perdiera la vieja Oficina de Correos, que albergó en aciagos momentos de la historia nacional, la sede de la presidencia de la República, que fue el palacio nacional por períodos interrumpidos en los años 1865 y 1866. Debiera ponernos a pensar en su recuperación y restauración, ya que tenemos registros foto-gráficos y el lugar exacto en que estuvo asentado, justamente al costado izquierdo de Catedral, sobre la Avenida 16 de Septiembre.
El edificio que era por lo menos de la primera mitad del siglo XIX y que fue remodelado para oficina de correos, cuando en 1888, dejo de ser la sede la de la Aduana Fronteriza, que pasó al bello edificio neoclásico francés de Avenida Juárez y 16 de Septiembre, hoy convertido en museo.
El 2006 era el año perfecto, pero no hubo la visión necesaria, no obstante los esfuerzos de varias instancias por regresar al país y patrimonio histórico y cultural invaluable, la reconstrucción con mate-riales similares del espacio que ocupó Juárez en su estancia en nuestra frontera. Labor que por lo menos desde hace diez años intento el historiador Darío Oscar Sánchez Reyes.
Aquí hay registros fotográficos de los daños que la batalla de Juárez en 1911, en la Revolución maderista ocasionó. Es claro que en aquella época no había noción de la importancia del lugar, pero ahora es tiempo de regresar a la nación, el lugar que dio refugio a la República en momentos tan llenos de incertidumbre como los vividos aquí por Benito Juárez.
 
La Escuela Particular Hermanos Escobar
Este es un caso particularmente interesante, en el que se conjuga todos los factores que contribuyen a acabar con nuestro patr-monio cultural, vea usted: con fecha 29 de agosto de 2005, fue solicitado al antropólogo Jorge Carrera Robles, director general del Ichicult, que en base a la Ley de Patrimonio Cultural del Estado de Chihuahua, publicada por el Periódico Oficial del Estado No. 17 del 28 de febrero de 2001 y en base a los artículos 60,61,62,63,64, inciso 6 y demás relativos a la ley en mención, se declarara Patrimonio Cultural la Es-cuela Particular de Agricultura Hermanos Escobar.
Fundamentado la petición en la antigüedad de la misma 1808 –conocida como La Casona de la Playa-, en su estructura original y 1906 en la remodelación para convertirla en la EPA, la petición era firmada en lo particular —la Ley lo permite—, por doce juarenses entre los que podríamos mencionar a los entonces regidores Mireya Porras, Roberto Hernández y Josefina Rodríguez, al actual director del Centro Cultural Paso del Norte, profesor Miguel Ángel Mendoza, a la directora del museo del INBA Rosa Elva Vázquez, al entonces director del, IMIP Luis Felipe Siqueiros, al Director Zona Norte de los Servicios Educativos, maestro Guillermo Narro, a la ingeniero María del Rosario Díaz Arellano, actual directora del IMIP y Miguel Ángel Argomedo, entre otros firmantes.
La propia ley indica que deberán ser noventa los días en que se dará respuesta y hasta el cierre de Semanario han pasado mil 30 días y la respuesta no se ha dado.
Lo más grave no es la incuria de las autoridades estatales, sino que funcionarios del Ichicult y del municipio iniciaron de inmediato pláticas con el dueño de los casi cinco mil metros del predio que alberga el histórico edificio, el empresario restaurantero Jesús Yáñez, quien estuvo dispuesto a intercambiar la propiedad por un predio cercano a Electrolux.
Antes de la declaratoria se habían iniciado negociaciones con los propietarios, uno de los negociadores fue Federico Mancera, funcionario de Ichicult, y como originalmente se habló sólo de permuta, por eso fue que el 3 de junio de 2005 –oficio DGEC/370/2005- se solicitó a Sergio Acosta del Val, Director de Obras Públicas «(…)un avalúo de lo que cuéstale antiguo edificio de lo que era la escuela Hermanos Escobar, la cual cumplirá en 2006 cien años y dadas sus condiciones urge su restauración, los actuales dueños en un acercamiento reciente mostraron disposición de permutar el edificio por un terreno o inmueble municipal, ya que están concientes que el destino del mismo es enriquecer el acervo cultural de la ciudad».
Fue en pláticas posteriores a la declaratoria de patrimonio Cultural, que puntualizaron los propietarios, su interés de permutar por terrenos cercanos a Electrolux y se envió el oficio DGEC/597/2005 al licenciado Carlos Villalobos en cuyo primer párrafo se dice: «Señor Director, la presente es para solicitarle a usted su invaluable colaboración en la búsqueda de un terreno municipal por el rumbo de la empresa maquiladora Electrolux».
Con la rapidez que le es propia a la burocracia de las tres esferas de gobierno, se obliga a llegar a instancias mayores y con fecha 13 de enero del 2006, el presidente municipal Héctor Murguía Lardizábal, envía una carta al gobernador, que se entrega primero a Jesús Macías y un mes después en propia mano al gobernador —ante el fracaso del primer intento—, en ella se dice en el párrafo central y luego de antecedentes: «Funcionarios de Ichicult y de la Dirección de Educación y Cultura del Municipio, han mantenido pláticas con los propietarios del inmueble y la disposición de los mismos es una permuta por terrenos públicos, el único condicionante que anteponen es que estos se encuentre en las inmediaciones de la maquiladora Electrolux y ahí el municipio no tienen terrenos para el intercambio en negociación, por lo cual estamos solicitando que el Gobierno del Esta-do, proporcione los terrenos que por valor de 700 mil dólares implica dicha permuta».
Para acotar la historia el gobernador ordena a Adán Quezada, actualmente al frente del PRI estatal que atienda el problema, éste a su vez le pide a Gerardo Hernández que se ocupe de encontrar los terrenos, y para marzo, Gerardo Hernández asegura que en una semana estarán localizados los terrenos, pasan más de una semana y dice que es inminente, que en unos días más.
Total que hasta las lluvias de julio de 2006, el funcionario estatal, no resolvía nada y los propietarios aprovechando las lluvias de ese verano, iniciaron la demolición hormiga del inmueble histórico. Según dice el maestro restaurador Fernando Treviño en un dictamen: es claro que la mano del hombre y no la lluvia es la que acaba con el monumento histórico.
Fernando Treviño, dice en el punto “a” de su dictamen, acompañado de documentos fotográficos: «se observa claramente como las columnas de hierro colado que formaban parte del pasillo exterior, fueron retiradas a mano, conservan aún las zapatas adosadas a cada una y se puede apreciar la excavación realizada por medios manuales en la banqueta perimetral».
El INAH ignoró la denuncia y fue necesaria una demanda penal también de particulares con fecha 22 de septiembre de 2006, para parar la demolición hormiga.
La demanda se presenta ante el Ministerio Público Federal, firma la actriz Perla de la Rosa y Darío Sánchez Reyes, entre otros. Sólo así el Instituto Nacional de Antropología e Historia interviene ya que con anterioridad su dictaminador, realizó un vergonzante documento, firmado por el arquitecto Antonio Guerrero Arzaga, quien no vio la destrucción por la mano del hombre y tras un documento de 15 cuartillas, concluye que «el inmueble del que se está tratando constituye un testimonio histórico de gran valor para el Estado de Chihuahua y su desarrollo cultural y económico, el cual debe preservarse para las generaciones futuras», el dictamen tiene fecha cuatro de septiembre, 18 días antes de la demanda judicial.
 
El cuartel del XV
Es un caso gravísimo, pero sinteticemos: fue un inmueble que fue destruido por orden del alcalde Jesús Macias, con el argumento que no estaba —por error evidente—en el catálogo del INAH, el predio se destinó por el entonces líder de la CNOP, Víctor Valencia de los Santos, a un tianguis, cuyo desorden y suciedad podemos constatar en el cruce de las calles Ramón Rayón y Melchor Ocampo.
 
La Pila de la Chaveña
El alcalde Francisco Barrio, cambió su centenaria cantera por un horrido círculo de cemento, con la «justificación» de mejorar la vialidad en las calles que confluyen en este monumento del siglo XIX, exactamente de 1895, originalmente de gran belleza y que durante todo el siglo veinte fue el orgullo de los juarenses, un símbolo que sólo rivalizaba con el monumento a Don Benito Juárez.
 
La sala y Museo del INBA
Aquí tal vez deberíamos hablar de la forma en que se destruyó y sigue destruyendo El Pronaf, que es una muestra de lo que como ciudad pudimos haber sido, según manifiesta acertadamente el escritor Willivaldo Delgadillo.
Otra vez los ex alcaldes, fue en la administración de Jesús Macias que se realizó la venta e inició la destrucción de El Pronaf, olvidando que tanto el Museo de Arte, y la Sala de Convenciones eran edificios de autor, ambos diseña-dos por el arquitecto Mario Pani.
La sala del INBA se salvó por la fuerte oposición de un grupo de artistas y ciudadanos concientes, el Museo está ahí, arrinconado por otros edificios y mallas ciclónicas que lo oprimen y nulifican.
La destrucción continúa con la destrucción de la bella arquitectura original del Centro Artesanal, que ahora se destina a diversos rubros comerciales y que se permite cualquier cambio o adición sin el menor respeto.
 
La vieja presidencia municipal
El edificio fue rescatado para fines de promoción cultural y formación artística, sin embargo no se le ha dado el mantenimiento debido y sus goteras y fractura en la esquina frontal de Mariscal y 16 de Septiembre, es preocupante, Urge hacer algo.
 
La casa de adobe
Ahora con el Centenario de la Revolución Mexicana, podría reconstruirse está modesta casa de adobe que sirvió de oficinas al gobierno revolucionario de Francisco I. Madero.
Imposible hablar de todo lo que se tiene que hacer en nuestra ciudad, en lo que se refiere a la preservación de monumento históricos y la incuria oficial sobre los mismos. Pero el Centenario es un buen pretexto para reconstruir el Cuartel y la «Casa de Adobe»…

Patrimonio cultural de Juárez: riesgo y oportunidad

Domingo, Agosto 27th, 2006

Publicado en El Diario
Darío Oscar Sánchez Reyes

El derrumbe accidental o intencional que sufrió en días pasados una parte del edificio principal de la antigua Escuela de Agricultura Hermanos Escobar entraña un fuerte llamado de atención a los juarenses: decidirse y actuar ahora para la protección del patrimonio cultural de nuestra comunidad o continuar postergando el tema y observando la destrucción de edificaciones valiosas de nuestro pasado.

Si se tratara de un vistoso monumento situado en algún área pública, nadie dudaría de la necesidad de su protección y conservación permanente, ni tampoco de la responsabilidad que sobre estos tiene el gobierno local. Sin embargo, en este caso por tratarse de propiedad privada surgen opiniones encontradas y complicaciones para resolver su situación: ¿Debe permitirse a sus dueños disponer libremente del inmueble?  Al respecto no son pocos quienes han defendido –incluso en los medios de comunicación- la postura de que la propiedad privada no debe tener limitaciones y que por tanto la única alternativa es que el gobierno compre la propiedad para que efectivamente se convierta en patrimonio cultural. Sin embargo podemos cuestionar: ¿Es obligación de la autoridad adquirirlo para que pueda conservarse? Más aun: ¿Debe ser necesariamente de propiedad pública el patrimonio cultural? 

La cuestión presenta aristas importantes para su discusión, tanto desde el punto de vista legal como cultural, y su resolución por las autoridades implica sentar precedentes en nuestra comunidad. Por otro lado, postergar el tema significa dejar las preguntas sin responder, generando un vacío de actuación pública que nos conduce a un destino ya conocido: el mismo que sufrió hace poco tiempo la Plaza de Toros Monumental, cuya demolición fue inevitable al carecer el inmueble de protección jurídica.

En el aspecto cultural la discusión pareciera tener menores problemas. Es innegable que la antigua Escuela de Agricultura tiene un valor histórico, apreciado no sólo local sino nacionalmente, al haber servido como casa de estudios a decenas de generaciones de agrónomos de toda la república, quienes incluso se han mantenido organizados en una asociación nacional de egresados y celebraron este año el centenario del inicio de la escuela. Vale la pena recordar que se trató de la primera institución de enseñanza superior y de investigación en Ciudad Juárez, y que los edificios que la albergaron constituyen, sin lugar a dudas, la mejor muestra de la arquitectura vernácula de adobe y ladrillo de finales del siglo XIX -notablemente el edificio principal que ahora está en riesgo de colapsar- la cual por si misma vale la pena conservar para las generaciones actuales y futuras.

Sin embargo, este valor cultural en manos privadas puede quedar reducido a mero recuerdo si no es capaz de traducirse en protección jurídica efectiva para su conservación. De ahí que en el aspecto legal se requieran más que buenos deseos, declaraciones y promesas de las autoridades. A la luz de la legislación vigente, el camino legal para proteger al patrimonio cultural inmueble de propiedad privada no es sencillo y presenta numerosos escollos, ya que la Constitución señala claramente que la única limitación al goce de la propiedad privada será la que imponga el interés público, que en este caso es la conservación del patrimonio cultural común.

Para eso las leyes disponen que un edificio pueda ser considerado monumento histórico y protegido por la Ley Federal de Monumentos, o bien como patrimonio cultural bajo la regulación de la Ley Estatal; sea de propiedad pública o privada. La diferencia estriba en que la primera categoría cubre solamente a edificios de carácter histórico construidos antes del año 1900 y la segunda a los demás que pudieran considerarse con valor cultural, construidos hace más de 50 años. Otra diferencia la constituye también las medidas de protección que contempla cada ley: La federal señala como delito la destrucción o falta de conservación de aquellos monumentos catalogados por el INAH. La estatal es más amplia porque considera la limitación de los usos de la propiedad privada y las obligaciones de conservación de sus propietarios, además de estímulos fiscales para aquellos inmuebles que específicamente queden asentados en el Registro Público de la Propiedad.   

En el caso específico de la antigua Escuela de Agricultura, esta cuenta con la protección federal porque está catalogada por el INAH, misma autoridad que debe cumplir con la obligación de realizar la denuncia correspondiente ante el ministerio público para que se investigue la destrucción que sufrió hace unos días y se determine objetivamente si fue accidental o intencional, y en su caso sancionar a los responsables.  Sin embargo, aun y cuando pudiera ser reconstruida y restaurada, mantener la situación actual no satisface la petición formal de la asociación de egresados al Gobierno del Estado para rescatar su uso educativo y cultural, ya que los actuales propietarios bien pudieran destinarlo a actividades comerciales. En este caso el único camino será adquirir la propiedad ya sea mediante la expropiación o compraventa.

Pero las medidas de conservación de los demás edificios e inmuebles de valor patrimonial para la cultura en Juárez, no tienen porqué seguir el mismo rumbo: Ni el mal ejemplo de la Plaza de Toros ni necesariamente el de la escuela de los Hermanos Escobar que sería –esperemos pronto- de propiedad pública.

La propiedad privada es perfectamente compatible con la protección del patrimonio cultural, si se disponen los medios adecuados tanto por la autoridad como por los particulares. Por ejemplo, los propietarios de las residencias de valor arquitectónico que aún quedan en la Avenida 16 de Septiembre, podrían recibir a cambio de su conservación y uso habitacional o comercial, la reducción del impuesto predial que pagan. Estas no tendrían porqué ser adquiridas por el Gobierno para que se reconocieran como patrimonio cultural, pero tampoco se debe dejar en el vacío jurídico su protección.

De otra manera, el riesgo de pérdida está latente: De forma silenciosa y poco perceptible en el tráfago de nuestra ciudad, han venido desapareciendo casas y construcciones de más de un siglo de antigüedad para dar lugar a nuevas tiendas de conveniencia de las cadenas cerveceras: típicas casonas de adobe y ladrillo ornamental como las del Barrio Alto, de las que muy pronto no quedaría por lo menos alguna que nos haga recordar tangiblemente que en esas colonias tuvo origen la mancha urbana de hoy.

Si bien fue durante la revolución y particularmente en la batalla de 1911 –ilustrada magistralmente en los libros de Cuadro por Cuadro- cuando Ciudad Juárez perdió gran parte de sus edificios y construcciones de valor histórico, la irresponsabilidad y dilapidación de nuestro patrimonio cultural también ha hecho estragos: basta recordar la demolición del antiguo Cuartel del 15 en 1991 por ordenes de un presidente municipal suplente de ingrata memoria. Que no sea entonces ahora la omisión de las autoridades responsables y la inacción de la opinión pública y de la sociedad las que permitan que continúen las pérdidas.

El actual Ayuntamiento acordó hace algún tiempo la creación de la Comisión Municipal que contempla la Ley Estatal del Patrimonio Cultural, ojala comience a funcionar y venga a dar una oportunidad de futuro al pasado cultural de los juarenses. Un legado que no por olvidado y tratado con desdén, resulta menos significativo y valioso.